18 julio 2008

Quiero vale 4

- Envido.
- ¡Real envido!
(No se va a echar atrás ahora; no sea cosa de quedar como un cagón).
- ¡¡Falta envido!!


En el truco hay que ligar o saber mentir. No hay misterio. Este juego reúne algunas características de la idiosincracia argentina: frases espectaculares, cantitos pendencieros, mucho jetoneo, redoblar la apuesta para amedrentar al adversario, mentir.

La política argentina tiene este color. Siempre fuimos compadritos, caudillos, matones. Es sorprendente que ahora los medios y la opinión pública se indignen por las demostraciones de brutalidad verbal y ejecutiva de nuestros gobernantes y sus pakitos. El problema con esta forma de hacer política es que, creo yo, se agotó. Se está quedando sin interlocutores.

Muchas personas vieron con desprecio el apoyo que encontró “el campo” entre quienes jamás en su vida plantaron siquiera un crisantemo en la maceta del balcón. Con cinismo, con desconfianza, con soberbia (otras características que nos definen como colectivo) muchos se preguntaban cómo la gente podía ser tan idiota de manifestarse a favor de una causa que desconocían por completo y habían ignorado hasta que fue tapa de El Gran Diario Argentino.

No negamos la cuota de idiotez (en estas modas-manía hay de todo), pero hubo, creo yo, una pizca de algo más: una saturación del estilo que hace 200 años tienen los políticos argentinos. Más/menos, ese estilo consistió en descalificar al que piensa diferente, en justificar las (pocas, muy poquitas) ideas propias argumentando sobre aquello que los hace distintos de “el otro”, en hablar con frases tan rimbombantes como demagógicas, apelar a colectivos efectivos pero que no resisten el menor análisis, y echar mano de tradiciones políticas pasadas de moda -aunque convocantes- para no tener que tomarse el trabajo de construir nuevas ideas, nuevas propuestas. Y creo que con confusión, intuitivamente, sin consciencia de ello, los sectores urbanos que voluntariamente manifestaron su solidaridad con “el campo” en realidad están pidiendo a sus gobernantes que empiecen a hablar otro idioma.

Ya basta del altísimo grado de violencia discursiva, de mucho ruido y pocas nueces. Somos tarados, estamos comfortably numb; hacer política para nosotros no es más que pegar una calco en el parabrisas y votar cada tanto. Pero abandonemos de una vez el anticuado estereotipo del político aguerrido, peleado con el mundo, extremista, hablándole desde la altura de un semidios a las masas en éxtasis, prometiendo cosas imposibles que ellos, que al fin y al cabo no son más que peones de los inmensos intereses económicos transnacionales sin nombre y sin cara, jamás podrían hacer realidad aunque quisieran (que igual no quieren, que quede claro). Mi sensación es que los que se subieron al reclamo de “el campo” están, entre otras cosas, hablando de esta saturación.

El estilo pulseada de los K (estilo que no son ellos los primeros en adoptar) se incorpora a esta tradición política: consiste en redoblar siempre la apuesta, cueste lo que cueste. Quieren correr a los adversarios (que inventaron ellos mismos) con amagues y amenazas, descalificándolos socarronamente -cuando no humillándolos- para que se asusten y se vayan al mazo antes de que todos, jugadores y espectadores, puedan ver sobre la mesa todas las cartas.

El desgastante conflicto entre el gobierno y las entidades agropecuarias llevó a aquél a jugar todas las manos con innecesaria temeridad. Al final, se hizo evidente que el oficialismo mintió: no tenía las cartas que había anunciado. En la última mano deslizó con bronca un “culo sucio” muy loser, y ahora buscan qué cabeza rodar para explicar algo que es tan simple que no requiere ninguna explicación.

No le crean al Gran Diario Argentino. No hay crisis política. Por mucho que insistieron algunos medios (y el propio Néstor) con la posibilidad de la renuncia de Cristina Fernández o de Cleto, la idea no tiene pies ni cabeza. La discusión por el porcentaje aplicable a las retenciones no hunde ni salva al país, no nos jugamos el pellejo de la Nación ahí. Es un papelón, nada más. Esperemos que sirva para echar un poco de Raid (ese que “los mata bien muertos”) en el gabinete, y para empezar a discutir en serio políticas públicas agropecuarias, fiscales (¿para cuándo bajar el IVA del pan, la leche, y todos los alimentos de los pobres que está en el corazón de nuestra presidentA?) y sociales. Pero no guardemos muchas esperanzas.

25 junio 2008

Malditos periodistas 1

Por mi trabajo, estoy en contacto constante con los integrantes de este extraño gremio. Triste ironía la mía, detestar a las empresas periodísticas y a sus empleados, esclavos de las intenciones ajenas (como yo, como la mayoría de las personas, en definitiva), pero con una sutil diferencia: ni siquiera yo leo mi blog. Mi posibilidad de vectorizar información, una visión de la realidad o una opinión, es inexistente. Los periodistas, en cambio, son cómplices / rehenes del escenario discursivo que tienen montado los actores más importantes de nuestra política y economía.

Pero fuera de esto hay niveles todavía más básicos de incompetencia en la profesión. Desde un desconocimiento absoluto de las reglas de sintaxis (¿se acuerdan? Sujeto, predicado, objeto directo, etc.) hasta el bastardeo de los hábitos que son el ABC del ejercicio del periodismo. Uno de esos hábitos es chequear la información.

Cualquiera que haya hecho algún cursito intensivo sobre la materia (no mucho más de lo que hacen –con suerte– quienes nos informan) debería saber que no se puede decir cualquier cosa en el éter, el cable, la red o el papel. Se supone que los datos que manejan tienen que pasar por algún mínimo chequeo, si no más que periodistas son gente con suerte que tiene la posibilidad de decir lo que se le ocurre a través de un medio o soporte que llega a grandes porciones de la ciudadanía (ok, ok, ¡ya sé que es así! Déjenme terminar).

Tantos hechos aislados ya son tendencia: esas pavadas como hacer una pequeñita investigación sobre el tema antes de cubrir una nota o escribir una crónica, o la lucidez de buscar (aunque sea en Google, por favor, naufragar en los archivos de la biblioteca de la Legislatura ya es un acto heroico que nadie espera de quienes nos informan) algún datito que oyeron al azar cuando tomaban el ascensor debería ser lo que los chankis llaman “must”, algo que se tiene que hacer sí o sí sin dar muchas vueltas. Pero no lo es.

Un ejemplito, uno sólo, para ilustrar el tema. Es normal leer o escuchar a los periodistas cosas como esta:

“¿ESTO GANA D’ELÍA?
El líder piquetero, vocero extraoficial del gobierno y cruzado de la causa kirchnerista, Luis Ángel D’ Elía, recibiría mensualmente los siguientes fondos:
Sueldo mensual $ 13.585,20
Gastos de protocolo de la Subsecretaria $ 39.112,20
Presupuesto para viáticos y desplazamiento al interior del país $ 114.082,13
Presupuesto para viajes por el Mercosur ampliado (por mes) $ 92.246
Presupuesto para comunicación social $ 31.242
Además tiene 3 choferes y 2 vehículos de la subsecretaria
Dicen que estas cifras están publicadas en el Boletín Oficial de febrero de este año.”

¿Dicen que…? El Boletín Oficial se puede consultar por internet, ¿tan difícil era chequear la información antes de publicarla? En televisión es todavía peor. Los cronistas le preguntan a la señora sin dientes, que no terminó la primaria y se come todas las “s” pero muere por salir en “la tele”, si el vecino que acaba de arrestar la policía tiene otras causas. Y la señora responde todo lo que se comenta en el barrio entre mate y paco: que el acusado es más malo que pegarle a Dios, abusa de su hermanito menor, vende droga, trafica armas con la guerrilla colombiana y parece que encima anda en una secta que sacrifica perros, entre otras cochinadas.

Chequear la información, consultar las fuentes pertinentes y dejar a la señora sin dientes para que dé una opinión personal o su testimonio, no para que ella informe a las audiencias, sería fantastic que se convirtiera en una práctica cotidiana entre los periodistas. No hablemos ya de tener una punta de decencia, autocrítica o criterio. Primero lo básico: aprendan a escribir, a conseguir información, tengan un mínimo de respeto por la inteligencia de los que están del otro lado. Cuando resuelvan estos temitas cotidianos pasamos a la parte idiosincrática de la profesión (uff, qué trabajito dan estos chicos; son peores que un hijo bobo, sordo y ortopédico).

14 junio 2008

ÚLTIMO MOMENTO: AHORA, CONFERENCIA DE PRENSA SERÍA RESPONDER 3 PREGUNTAS INSULSAS

Del Jefe de Gabinete hace algunos minutos:

(Estaba deseando que algún periodista pregunte por los cortes de los ambientalistas de Gualeguaychú)

“Los cortes de Gualeguaychú eran de características distintas: de gente desesperada sin trabajo que buscaba llamar la atención de la Argentina (¿?). No tuvo la intención de estos cortes. Aquellos cortes suponían una demora pero no poner en jaque el funcionamiento del tránsito interno y el abastecimiento de la Argentina. La mayor injusticia es que un señor decida quién pasa y quién no.”

Todos recordamos los piKetes de Gualeguaychú: 20 tipos en medio de la ruta, otorgando credenciales de paso para algunos y bloqueando el tránsito a otros. No hace falta decir más nada.

Me acuerdo de una clase de Filosofía en el secundario. La profesora nos preguntó qué opinábamos del aborto. La conclusión general fue que, en caso de un embarazo concebido durante una violación, estaba bien; en el resto de los casos, estaba mal. La profesora dijo entonces: no están juzgando la acción del aborto en sí misma, si constituye un asesinato o no la interrupción de la gestación. Están juzgando a la madre: si cundo tuvo relaciones la pasó mal, tiene derecho a abortar; si la pasó bien, que se joda.

Esto es lo mismo: cortar una ruta es un delito, no importan los motivos ni los actores. Los ambientalistas de Gualegaychú fueron financiados con dinero contante y sonante (de ese que falta para poner estufas en las escuelas, para equipar hospitales, para mejorar el salario de los docentes universitarios, etc.) y con impunidad. En todo caso, si el lockout es un delito tipificado por el código penal, esa será otra historia y deberán responder a la justicia en esos términos. Lo mismo que Cromañón: asesino es el que tiró la bengala; Chabán, Ibarra y el resto son corruptos y deben ser juzgados como tales, no como asesinos.

Una perlita de esta tarde:
Quienes puedan estar leyendo este artículo seguramente saben ya que la noticia es una construcción. La cámara del noticiero captura una porción mínima de realidad (arriba, abajo, detrás, a izquierda y derecha de la cámara también hay realidad). Un pequeño graph termina de cerrar el sentido de la imagen. Pues bien, a las 14:31 hs, cuando salió gendarmería a desplazar a los manifestantes que cortaban una ruta en Gualeguaychú, los medios televisivos no se pusieron de acuerdo:



10 junio 2008

DemoKracia

Ahora resulta que la señora de Bonafini realizó una denuncia contra algunas organizaciones agropecuarias, y pide 15 años de prisión para los “lobos hambrientos que van tras su ganancia personal”.

Ella, que se cree la apoteosis de la defensa de los derechos humanos, argumenta en contra de los principios democráticos más básicos. Alineadísima con el disKurso oficial sostiene que ningún actor social tiene derecho a disentir. ¡Si hasta los calificó de “grupos inmorales”! ¿Quién es el facho ahora?

Entre otras burradas, este pobre y decadente símbolo de la miseria intelectual de la sociedad argentina acusó a los dirigentes ruralistas de querer dirigir la macroeconomía en detrimento del resto de la sociedad. Los distintos actores presionan para tener lo que creen que es justo para ellos. Es la base de nuestro modelo político.

Democracia es un concepto viejo. Tomado de la tradición de la Antigua Grecia, tiene plena vigencia desde hace un par de siglos con un sentido diferente al de aquel entonces. Repetido hasta el cansancio, su significado político se redujo a dos o tres clichés fácilmente recordables por todos:

Democracia igual a no ser gobernados por tipos de charreterra y uniforme verde musgo.
Democracia igual a tengo derecho a muchas cosas.
Democracia igual a votamos una vez cada tanto a tipos que no nos convencen pero que son el menos malo.

Como siempre, la realidad es más compleja. Democracia significa que quien nos gobierna lo hace en representación nuestra. Ese colectivo, “nosotros”, es la ciudadanía. No los que votaron al candidato de turno ni los que tienen negocios con él, sino el conjunto entero de los habitantes de un país.

Es claro a simple vista que no hay forma de gobernar y dejar contentos a todos. Pero la democracia también contempla esto: cuando hay un conflicto de intereses entre dos sectores, se gobierna en beneficio de la mayoría. Ganar algunas veces y perder otras tantas, aguantarse al otro porque sus derechos y opiniones tienen el mismo valor que los míos es el juego de esta forma de organizar el Estado. Entre los que hoy salen perjudicados, hay muchos más que salen beneficiados. Esta es la teoría.

Nuestra limitada y poco instruida clase política desconoce estas nociones básicas. Confunden todo. Un poco con ignorancia, otro poco con malicia. Eligen a dedo quién tiene derecho a manifestar y quién no, quién tiene derecho a opinar, a beneficiarse con la política redistributiva, a legislar, a hacer lo que quiera con su dinero, a acceder al espacio radioeléctrico, y quién no. Se adueñan de la voz de “los pobres” y esperan que otros sectores de la sociedad hagan caridad sólo porque tienen más. ¿Por qué no empieza la señora presidente? Que venda una cartera y con lo que saca que compre un par de estufas para donar a alguna escuela. Las políticas públicas no son cuestión de caridad sino de equidad.

La pobreza es un problema central no sólo en Argentina sino en el mundo. Y las personas pobres, esas que duermen en la calle, que no tienen para comer, cuyos hijos paran en constitución a punguear y a aspirar poxi, deben ser prioridad para cualquier administración política. Nunca lo fueron, ni acá ni en ningún lado. Y quien dice lo contrario, miente. Decir “estoy del lado de los pobres” es una treta discursiva, pura demagogia. El gobierno no tiene que estar de ningún lado porque se supone que debe administrar los recursos de manera inteligente y justa, y no pelearse estúpida y orgullosamente como niño caprichoso. Porque pobres también hay en las provincias cuyos gobernadores no están de acuerdo con las políticas de la presidente, y también hay muchos chacareros pobres chupando frío en la ruta en este momento. ¿Ellos no están en el corazón de Kristina? ¿Ellos son “lobos hambrientos que van tras su ganancia personal”?. Yo sé que no les da la cabeza, pero contraten un asesor chicas para que se los explique.

Democracia es tener un gobierno que respete las opiniones disidentes, que busque el bien común, que no confronte con sus propios gobernados. ¿Seguro que vivimos en democracia?

30 mayo 2008

¡Qué suerte!

Nada mejor para el ánimo del suicida que llegar al trabajo y degustar un café calentico mientras se informa leyendo los diarios. Divino.

Garré (sí, la de los fusiles; sí, sigue siendo ministra) le regaló 96,5 millones de pesos al ejército pero las escuelas argentinas no pueden brindar calefacción a los alumnos. Para eso no hay un mango. Ya sé, ya sé que no vienen del mismo presupuesto, y sé que el gobierno no pone un peso donde no pueda afanárselo. Pero fuera de toda burocracia administrativa y criminal, ¿no suena demente? Ni hablar si pensamos más allá de los titulares del diario y recordamos la cantidad de personas en nuestro país que no tienen cosas más básicas que eso, como agua potable, cloacas o un pedazo de comida.

Empiezo a escuchar en los medios, en los blogs, en la calle, que este tema del campo “ya empieza a aburrir”. “¿Por qué no hablamos de otra cosa?”. Las cuestiones públicas no pasan de moda como el minishort de Valeria "facha top" Mazza o el hitazo del verano. La mayoría de las personas olvida que las decisiones que toman los que nos gobiernan se pagan con dinero de nuestro bolsillo, y que aunque los peronchos de turno pasen nosotros quedamos y siempre estamos abajo del poste.

El disKurso sigue con su caza de brujas. Ojo, no se les ocurra pensar diferente de la voz oficial. Mejor, no se les ocurra pensar, minimicemos los riesgos. La buena noticia es que la historia prueba que este nivel de confrontación, cada vez más encarnizado, tiende a aislar a los que manejan la batuta. Es decir, en el mediano plazo Néstor y Cristina se van a quedar sin aliados, sin portavoces. La mala noticia es que, hasta que esto suceda, nos van a saquear hasta el último centavo, una vez más.

Estoy harta de financiar a los piKeteros. Menos mal que en Junio vuelve Susana a la tv argentina. No saben cómo levantamos con eso. Me voy a reventar la tarjeta en los shoppings porteños, el INDEC asegura que hay deflación. ¡Chau, chau!

Vale asegura que el tema del campo ya no es "hot"

28 mayo 2008

Someone call the ambulance… there´s gonna be an accident

Al principio me preocupé. Pensé que este gobierno, tan corrupto e ingorante como todos los de nuestra historia, planeaba estratégicamente cada una de las burradas que decían sus voceros. Es lo que se estila, pero en este caso no tenía sentido. Después repasé mis lecciones de historia argentina y ahí estaba la respuesta: el poder discursivo tiene una proyección política impresionante. Y el peronismo (entiéndase por peronismo “clase dirigente argentina”… porque peronistas somos todos, ¿a alguien le quedan dudas? Groncho dixit) no sabe expresarse de otra forma: confrontación, intimidación, mentiras lisas y llanas, desinformación, en fin… artillería verborrágica.

El viento no se lleva las palabras. No voy a decir nada nuevo; las palabras construyen discursos, los discursos conceptualizaciones de la realidad. Es más complejo, pero se puede resumir así. El discurso del oficialismo (llámese Cristina, Néstor, Alberto, Aníbal, Luisito o Hugo) tiene la intención de continuar profundizando la desarticulación de los distintos sectores sociales. Y peor todavía: estigmatizan a las voces que expresan ideas diferentes de las suyas. Oligarquía, gorilismo, golpistas, no son más que fórmulas trilladas para descalificar al que piensa distinto, asociándolo a momentos de la historia que nadie quiere ver volver. Y, peor todavía, estos términos que definen todo y nada condicionan la interpretación que los de afuera, es decir, la inmensa mayoría, podemos hacer de lo que está pasando. Simplifican una realidad compleja para que entre en un copete. Nadie piensa (para eso están los clichés), políticos 1 ciudadanía 0.

Sobran los ejemplos. Desde los excesos de D´Elía hasta el cinismo del ex presidente y su nueva mascota, Moyano, que la juega de carroñero para ver si puede quedarse con una porción de chocotorta. De cuarta.

Molesta que, para peor, los KamiKazes portavoces del oficialismo se sigan llenando la boca en nombre de la democracia y la ciudadanía. Abstenete Cristina, abstenete Néstor, absténganse laKayos: ustedes pueden sumar y restar, saben que ganaron las elecciones con lo justo, ayudados por una oposición que no es tal y por el ejército proselitista que incluye muertos de hambre, lacras que viven de planes trabajar, pobres gentes que creen todo lo que les dicen y que, en su visión limitadísima de la realidad, no pueden ver que entre antenas truchas de Direct TV y promesas de una vida mejor por un lado los usan como instrumento político, y por el otro les toman el pelo con acciones concretas que deterioran cada vez más sus condiciones de vida. Desde que en Argentina existe este experimento bizarro que insisten en llamar democracia, esta fórmula jamás falló.

Entre tanta cháchara, del monorriel Springfield-Rosario nadie dijo más nada, ni tampoco de la tanda de títulos públicos que hoy Carlitos Fernández colocó en Venezuela por más de U$S 1.300 M. Es mucha plata, mis pequeños saltamontes. Y no se entiende por qué estamos colocando títulos públicos en el mercado financiero internacional, por qué pedimos plata prestada, por qué el BCRA emite moneda y sólo para tomarle el pelo a los ahorristas patina una fortuna todos los meses para mantener el cambio, si tenemos reservas record, si el país crece a tasas chinas, si no hay inflación, etc.

27 mayo 2008

And the loser is… ¡Buenos Aires Económico!

Lo peor de los diarios argentinos del día de hoy

No sé si vale la pena dedicar unas palabras a un artículo publicado hoy en BAE, un diario que con mucho esfuerzo se ganó el mote de suckerK entre todo el gronchaje que compite ferozmente por el galardón. Pero como 1, la flatulienta verborragia K en este medio es cosa de todos los días; 2, me interesa el análisis del discurso y este está muy fácil; y 3, todas las mañanas me indigna un ratito, vale la pena el sacrificio.

Al periodista Walter Goobar le convidaron media página en el diario para que repita la cháchara K. Ahí compara la “campaña del campo” con la película “Mentiras que matan”, donde un asesor de imagen contrata a un director de cine para producir la noticia que, a pocos días de las elecciones, deberá tapar un escándalo sexual protagonizado por el presidente de los EEUU, en carrera para ser reelecto.

El primer engaña pichanga de Goobar es semántico: pretende confundir al lector diciendo “el campo” cuando en realidad se refiere a la SRA, que es quien efectivamente contrató a un exitoso asesor de imagen. El segundo engaña pichanga es conceptual: pretende identificar al campo con la derecha, y lo acusa no sólo de querer legitimar una puja económica sino de “retomar sus viejas aspiraciones de organizarse como partido político”.Yo me pregunto… ¿no era que estábamos en democracia? ¿Desde cuándo no son válidas las aspiraciones de un sector de la ciudadanía de convertirse en fuerza política? Este es un clásico que vengo escuchando mucho últimamente: llenarse la boca hablando de la democracia para después vapulear alguno de sus valores más básicos. Nos guste o no, democracia es aguantarse al otro y entender que su opinión tiene tanto valor como la propia.

No hay nada nuevo para decir sobre el conflicto con el campo. Pero no deja de sorprender la sordidez discursiva de los medios en este escenario. El uso indiscriminado de colectivos (la mayoría, obsoletos) que no identifican claramente a los actores, la confusión que genera hablar de la derecha, el campo, la oposición, los golpistas, gorilas… como si decantara sin lugar a contradicciones o malas interpretaciones de quién se habla en cada caso.

La campesina loca que hace como que nos gobierna pide “a los que más tienen” que sean “solidarios”, pero la política pública no es una cuestión de solidaridad. Y el gobierno debería reconocer que esto no se trata de ellos sino de nosotros, la ciudadanía (el campo, los gorilas, la clase media, los piketeros, todos); ellos son meros administradores o mediadores. Pero este planteo, lamentablemente, no tiene pies ni cabeza.

Goobar cierra su columna diciendo que el marketing político, puesto en función de la campaña del campo, manipula la opinión pública y elimina el criterio independiente. ¿Hay algún actor político que no tenga un asesor de imagen? Y ya que hablamos de manipulación y malas intenciones discursivas… ¿por casa cómo andamos?

26 marzo 2008

¡piKetero Karajo!

Anoche fui a la Plaza de Mayo por varias razones. La primera es que quería estar ahí, no quería que me lo cuente la tele. La segunda es que estoy cansada de despotricar contra este gobierno corrupto y mafioso y me pareció que no estaba demás salir a la calle a manifestarlo.

No me empalagué con los gritos de “¡Argentina! ¡Argentina!” –no es un fuckin´ partido de futbol–, ni canté el himno. Todo el tiempo trataba de recordar por qué estaba ahí, de tenerlo consciente, y de que no me gane ese fanatismo viscoso que Freud describió tan bien 100 años atrás.

Fui a la Plaza por la injusta redistribución de la renta (un tema viejo) que hoy le toca pagar al campo. Pero fui también por Julio López. Por el INDEC y la manipulación de los índices –como si uno fuera un estúpido que no sabe sumar ni restar–, por Skanska, por los billetes de Micelli y los fusiles de Garré (¡JA! A que ya se habían olvidado...), por la negación infantil de la inseguridad y las crisis energética, educativa y de la salud pública, por los negocios inmobiliarios en el sur del país en manos del matrimonio real y su prole (¿¿$4.400 por un terreno adjudicado por decreto a la sobrina de Cristina Fernández, hija de Alicia Kirchner, para que construya un hotel??), porque nos gobierna el Jefe de Gabinete y encima lo tenemos que escuchar tomándonos el pelo todos los días, porque fogonean, son cómplices y negocian con delincuentes como D´Elía y el clan Moyano, porque polarizan a la sociedad apoyados en colectivos obsoletos (¿todavía estamos pensando, año 2008, que el país se divide en peronistas y gorilas?), por el decreto 527/05 –un regalo de Néstor a los medios para asegurar su complicidad–, por las elecciones presidenciales fraudulentas, porque la bandera de los derechos humanos no es más que eso, una bandera para ocultar la creciente miseria y el deterioro de las condiciones de vida de la ciudadanía, porque gobiernan por decreto y superpoderes sin dar voz ni voto a los que piensan diferente. Y podría seguir.

A mí no me va tan mal. Pero me siento infeliz y miserable desde que me levanto hasta que me voy a dormir porque no puedo cambiar la miseria y la ignorancia que me rodean, me frustra que un país que podría autoabastecerse y no pasar hambre sea constantemente saboteado por los gobiernos que lo conducen. Pero lo que más me enfurece es que quienes peor padecen este régimen injusto y corrupto, los más vulnerables a sus prerrogativas son al mismo tiempo los que lo apoyan ciega, estúpida, enconadamente, con pecheras ridículas y palos, sin comprender mínimamente de qué se están quejando. Compraron y sostienen el discurso de “ellos y nosotros”. No somos todos iguales.


Ah... y al tarado de Alberto “el pacman” Fernández (Diario Crítica dixit) que hoy dijo que el gobierno no toleraría más cortes de ruta... ¿¿qué les toca a los conchas de su madre de Gualeguaychú que hace más de un año son amos y señores de los cruces con el Uruguay? Maldito esquizofrénico...